top of page

ODA AL AMOR:

La elección entre dos personas, la persona a la que amas y a la que debes amar (a ti misma)



Amar también es saber apartarse

“El amor es paciente, es bondadoso; no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.”1 Corintios 13:4–5

Muchas veces idealizamos la idea del amor. Pensamos que el amor es aquello mágico que sentimos al enamorarnos: la emoción intensa, el comienzo luminoso, la promesa de un final feliz.

Y hoy sé que el amor verdadero no siempre es maravilloso, ni siempre tiene forma de cuento, ni siempre termina como imaginamos.

Aprender a amar requiere más entereza que romance.

Hoy escribo desde un lugar más quieto, donde el corazón ya no se aferra, sino que comprende.

Porque también hay amores que no están destinados a quedarse, sino a enseñarnos a amar sin poseer, a soltar sin negar lo que se siente, y a elegir la paz sin borrar el amor.

No duele como antes. Duele un poco… lo suficiente para recordar que fue real. Pero ya no hay una esperanza suspendida en el aire, ya no existe el “tal vez sí”, el “quizá algún día”. Y eso, aunque confronte, trae una paz profunda.

Desde septiembre venía trabajando en algo que hoy veo con claridad serena:

él no puede darme lo que yo necesito. Y está bien.

Sí… duele lo justo. Duele porque fue real.

Pero ya no desgarra, porque ya no hay ilusión abierta.


Amar no es un contrato

Durante mucho tiempo se nos ha enseñado que el amor verdadero solo existe si es correspondido de la misma forma. Pero hoy sé que no es así.

El amor no es:

te amo porque estás conmigo,

porque me eliges,

porque me das,

porque me completas.


Yo soy feliz.

Y se lo dije con verdad: le deseo toda la felicidad del mundo.

Amar no es exigirle al otro que se rompa para que yo sea feliz, eso no es amor.

Amar también es reconocer cuando el otro no puede —y respetarlo.



No hubo promesas… y eso también fue amor

Llegué a una conclusión que me trajo una paz inesperada:

El acto de amor más grande que él ha hecho por mí fue no prometer algo que sabía que no podía cumplir.


No me mintió para retenerme.

No jugó con mis emociones.

Nunca dijo palabras que no podía sostener con hechos.


Yo me quedé queriendo construir.

Y esa fue mi elección.


No fue engaño.

No fue manipulación.

Fue amor.


Y asumir eso también es parte de mi responsabilidad emocional.

Solo hubo un límite que se entendió tarde, pero se entendió.


Amar y soltar no se contradicen

Mi cierre no nace del odio. No nace del resentimiento. No nace del rechazo.

Nace del respeto.


Respeto por su camino.

Respeto por su rol.

Respeto por lo que sí puede dar… y por lo que no.


Amarle no significa invadir su vida.

Amarle no significa ocupar un lugar que no me corresponde.

Amarle tampoco significa quedarme.


Mi acto de amor no es insistir ni esperar.

Mi acto de amor es amarle y apartarme, para que pueda ser feliz sin cargas, sin culpas, sin expectativas que no puede cumplir.


Cómo viví nuestro amor

Apartarme de su vida no elimina la verdad de lo que fue para mí. Él fue mi primer amor…el que se siente como amor adolescente, pero vivido en mi etapa adulta, cuando ya me conozco a mí misma y puedo amar con conciencia.


Fue un amor que me enseñó lo bonito de conectar y amar, pero también me enseñó que el amor verdadero es una elección y una responsabilidad personal.

No es enamoramiento; no depende de intensidad ni de romance. Es el amor que se elige conscientemente, incluso hacia alguien imperfecto, porque las personas perfectas no existen.

Yo le elegí, y le mostré quién soy de verdad.

Creo que me conoce mejor que cualquier otra persona…y, al mismo tiempo, no tiene ni la menor idea de que nadie me conoce como él.

Pero solo él ha sido testigo de todas mis etapas. Mi intimidad más profunda —contarle mis miedos, mis dolores, mis momentos críticos sin sentirme juzgada—solo los he compartido con él.

Solo él ha conocido mi lado más juguetón, mi humor más inesperado, y lo divertida que puedo ser. No porque no sea divertida para todos, sino porque no todos conocen esa parte de mí.


La mujer que me convertí con él es una versión que me gusta. No sé exactamente por qué, pero mi sensualidad y mi sexualidad con él fueron distintas, y eso me permitió conocerme de una manera nueva, descubrir aspectos de mí que antes no había explorado, y sentirme cómoda y plena en mi propio cuerpo y deseo.


Esa experiencia me enseñó que el amor también puede despertar y honrar la propia identidad femenina, sin que dependa de la aprobación de nadie.


El amor verdadero despierta una ternura que yo no conocía.

Hubo momentos en los que, al mirar sus ojos, sentía una ternura profunda que no podía anticipar.

Él conoció una versión de mí que yo misma desconocía: capaz de amar, capaz de entregarse, capaz de descubrir la luz que reside en la vulnerabilidad. Y le agradezco haberme conocido a mí misma, así: capaz de amar, consciente y libre.


Y aunque me aparte, mi elección de amar y reconocer lo que fue no desaparece.

Solo me muestra la claridad de lo que mi corazoncito puede hacer incluso en medio del caos: Amar como si nunca le hubiesen lastimado.

Comentarios


bottom of page