Dios aquí está
- Belgica Jorleny Garcia Cardenas
- 7 nov 2025
- 1 Min. de lectura
A veces creemos que la presencia de Dios se manifiesta solo en los milagros grandes, en las puertas que se abren sin explicación o en los días en que todo sale bien.
Pero con el tiempo aprendemos que la verdadera fe florece en lo cotidiano: en un plato de comida compartido, en una sonrisa cansada al final del día, o en una conversación tranquila con los hijos.
Ayer los vi reír.
Los dos al recogerlos en la escuela.
Y ese instante fue más poderoso que cualquier milagro espectacular. Mi hija, emocionada por una clase de matemáticas; mi hijo, con su diploma de niño estrella de la semana entre las manos y esa mezcla de orgullo y ternura que me derrite; y yo, mirándolos, sabiendo que la felicidad no depende de lo que falta, sino de lo que permanece.
Tenemos dificultades, sí. Pero también tenemos amor, fe y la certeza de que Dios no se ha ido ni un solo día. Él se muestra en los pequeños milagros: en la rutina que vuelve a tener ritmo, en la paz que llega después del caos, en la risa que regresa al asiento trasero del carro.
Y cuando mis hijos dijeron: “Todos tuvimos un buen día, ¿verdad?” sentí dentro de mí una voz más suave que el viento que susurra:
“Sí, hija mía, aquí estoy.”




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