top of page

Dios aquí está



A veces creemos que la presencia de Dios se manifiesta solo en los milagros grandes, en las puertas que se abren sin explicación o en los días en que todo sale bien.

Pero con el tiempo aprendemos que la verdadera fe florece en lo cotidiano: en un plato de comida compartido, en una sonrisa cansada al final del día, o en una conversación tranquila con los hijos.

Ayer los vi reír.

Los dos al recogerlos en la escuela.

Y ese instante fue más poderoso que cualquier milagro espectacular. Mi hija, emocionada por una clase de matemáticas; mi hijo, con su diploma de niño estrella de la semana entre las manos y esa mezcla de orgullo y ternura que me derrite; y yo, mirándolos, sabiendo que la felicidad no depende de lo que falta, sino de lo que permanece.


Tenemos dificultades, sí. Pero también tenemos amor, fe y la certeza de que Dios no se ha ido ni un solo día. Él se muestra en los pequeños milagros: en la rutina que vuelve a tener ritmo, en la paz que llega después del caos, en la risa que regresa al asiento trasero del carro.

Y cuando mis hijos dijeron: “Todos tuvimos un buen día, ¿verdad?” sentí dentro de mí una voz más suave que el viento que susurra:

“Sí, hija mía, aquí estoy.”

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page